La botadura del Submarino cumple hoy 121 años
Última actualización 07/09/2009@19:54:34 GMT+1 CARTAGENA.
Tal día como hoy, hace ya 121 años, un cartagenero llamado Isaac Peral entraba en la historia de la humanidad con un invento que revolucionó la ciencia y la práctica estratégica de la Armada. En efecto, un 8 de septiembre de 1888, en el Arsenal de la Carraca, en Cádiz, donde estaba destinado el marino Peral, tenía lugar un acontecimiento histórico.
Numeroso público esperaba con expectación la aparición de un artefacto más propio de las novelas de Verne que de la atrasada España de finales del siglo XIX.
Allí, el inventor saludó decenas de veces a los asistentes al acto. La noticia fue cubierta por los periódicos, que describían el acto y la nave, que se comportó "exactamente según los cálculos de su autor", publicaban. A partir de entonces proseguirían las pruebas oficiales del torpedero.
"El mundo entero se hizo eco de la noticia, que comenzó a propagarse con demasiada prisa y sin mucho celo por guardar sus innovaciones. Esta falta de cuidado, aparte de las trabas que, inexplicablemente, le puso al inventor el nuevo ministro de Marina José María Berenguer, parecen explicar la misteriosa aparición en aquella época de dos submarinos de diseño demasiado similar al de Peral, en Francia y en Italia", afirman los autores del estudio sobre Peral publicado en la web ‘Región de Murcia Digital'. Según esta fuente, "en estas pruebas el submarino logró dar muestras de su rendimiento para las funciones con que había sido diseñado. El mantenimiento de la cota, la navegación prolongada en inmersión, la capacidad de avanzar sin ser visto, la pericia para atacar barcos enemigos, además de todos los aspectos técnicos que resolvía esta nave respecto de sus predecesoras, hicieron que el submarino Peral fuera un éxito".
121 años después, Cartagena muestra al mundo aquel submarino en el incomparable marco de su puerto. Además, el cementerio de Santa Lucía conserva el mausoleo de Peral donde reposan sus restos. Sin embargo, la ciudad y su Gobierno aún tienen una deuda pendiente con su vecino más genial. En pleno centro de la ciudad, cerca de la plaza San Francisco, en el Callejón de Zorrilla, se conserva la casa que vio nacer a Peral. Una humilde placa lo recuerda en un inmueble deteriorado por el paso del tiempo.
Son muchos los que sueñan con ver aquí la futura Casa Museo de Peral. Algo que podría lograrse aunando esfuerzos entre el Museo Naval, el Archivo Municipal, los museos navales de Madrid y El Ferrol y la colección privada del marino Diego Quevedo, que se ha comprometido a donar su colección privada a ese futuro centro museístico que albergaría, entre otras joyas, uno de los abanicos regalados a las señoras en aquel histórico día.
Fuente: www.elfaro.es


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